COOPERATIVISMO OBRERO, CONSEJISMO Y AUTOGESTIÓN SOCIALISTA

      ALGUNAS LECCIONES PARA EUSKAL HERRIA


      5. COOPERATIVAS, SOVIETS CAMPESINOS Y MARXISMO.

      Antes de continuar con el análisis del proceso general que va desde el apoyo mutuo hasta la autogestión socialista, pasando por el cooperativismo, etc., en Europa como encuadre objetivo de Euskal Herria, conviene que hagamos un rápido rodeo por otras experiencias algo diferentes en la forma pero idénticas en el contenido y en la esencia, realizadas en otros continentes. Aunque, una vez más, es imposible siquiera citar la enorme cantidad de luchas populares habidas en Asia, Africa y América a lo largo de estos años y de los posteriores, en las que las masas trabajadoras tendían a fusionar su comunitarismo precapitalista con las nuevas reivindicaciones capitalistas, si hay que decir que tales estallidos de creatividad popular ya habían sido anunciados por la III Internacional en sus análisis anteriores.

      Sin embargo, es necesario detenernos un poco en un texto capital de Lenin de agosto de 1920 "Informe de la comisión para los problemas nacional y colonial" porque arroja una luz definitiva sobre el problema crucial que ha recorrido todo el siglo XX y que ahora, a comienzos del XXI, aparece todavía con más fuerza debido a la famosa "globalización". Lenin comienza afirmando que: "El rasgo distintivo del imperialismo consiste en que actualmente, como podemos ver, el mundo se halla dividido, por un lado, en un gran número de naciones oprimidas y, por otro, en un número insignificante de naciones opresoras que disponen de colosales riquezas y de una poderosa fuerza militar.(...) alrededor del 70% de la población de la Tierra, corresponde a las naciones oprimidas". A modo de aclaración diremos que 80 años después esa masa ha aumentado al 80% de la población humana. Y luego, tras resumir las discusiones sobre si seguir definiendo la lucha de liberación nacional como "movimiento democrático burgués" según se hacía haste entonces, o respondiendo a los cambios introducidos por el imperialismo como "movimiento nacional revolucionario", añade Lenin:

      "Entre la burguesía de los países explotadorres y la de las colonias, se ha producido cierto acercamiento, debido a lo cual muy a menudo --y quizá incluso en la mayoría de los casos-- la burguesía de los países oprimidos, pese a prestar su apoyo a los movimientos nacionales, lucha al mismo tiempo de acuerdo con la burguesía imperialista, es decir, al lado de ella, contra todos los movimientos revolucionarios y las clases revolucionarias. En la comisión, este hecho ha sido demostrado de manera irrefutable, por lo que hemos estimado que lo único justo era tomar en consideración dicha diferencia y sustituir casi en todos los lugares la expresión "democrático burgués" por "nacional revolucionario". El sentido de este cambio consiste en que nosostros, como comunistas, debemos apoyar y apoyaremos los movimientods burgueses de liberación de las colonias sólo en el caso de que estos movimientos sean verdaderamente revolucionarios, sólo en el caso de que sus representantes no nos impidan educar y organizar en un espíritu revolucionario a los campesinos y a las grandes masas de explotados. Si no se dan esas condiciones, los comunistas deben luchar en dichos países contra la burguesía reformista, a la que pertenecen también los "hérores" de la II Internacional".

      Tras explicar las dificultades inmensas que deben superar los comunistas en su tarea militante en los países campesinos precapitalistas, es decir, sin base industrial y por tanto sin movimiento obrero, Lenin afirma que, pese a ello: "se comprende perfectamente que los campesinos, colocados en una dependencia semifeudal, puedan asimilar muy bien la idea de la organización soviética y sean capaces de ponerla en práctica. Es evidente así mismo que las masas oprimidas --explotadas no sólo por el capital mercantil, sino también por los señores feudales y por un Estado que se asienta sobre bases feudales-- pueden aplicar gualmente este arma, este tipo de organización, en las condiciones en las que se encuentran. La idea de la organización soviética es sencilla y capaz de ser aplicada no sólo a las relaciones proletarias, sino también a las relaciones campesinas feudales y semifeudales. Nuestra experiencia en este aspecto no es muy grande; pero los debates en la comisión --en los que han participado varios represenmtantes de los países coloniales-- nos han demostrado de un modo absolutamente irrefutable que en las tesis de la Internacional Comunista debe indicarse que los Soviets campesinos, los Soviets de explotados, son un instrumento válido no sólo para los países capitalistas, sino también para los países con relaciones precapitalistas, y que es un deber indeclinable de los partidos comunistas y de quienes están dispuestos a organizarlos propagar la idea de los Sovierts campesinos, de los Soviets de trabajadores, en todas partes, tanto en los países atrasados como en las colonias. Y donde quiera que las condiciones lo permitan, deberán intentar sin pérdida de tiempo organizar Sovierts del pueblo trabajador".

      Lenin se refiere aquí a las razones aludidas por representantes de movimientos campesinos precapitalistas que mostraban cómo las masas trabajadoras de sus países se autoorganizaban independientemente de los sistemas de encuadramiento de las clases feudales y de la burguesía comercial. Las masas campesinas no esperaban a la aparición de una burguesía democrática y de un proletariado industrial y urbano para aceptar su dirección y mantener una lucha de segundo orden, sino que ellas mismas empezaban la lucha. Este movimiento de fondo avanzaba en la dirección analizada por los textos de Marx y Engels anteriormente vistos, y tenía un punto de arranque en las experiencias y en la solidez de las comunas campesinas que se movilizaban en defensa de los restos de propiedad colectiva que aún se mantenían frente al arrollados ataque del feudalismo y de la burguesía mercantil.

      Y allí en donde había desaparecido esa propiedad colectiva precapitalista, es muy probable que sobreviviera su recuerdo más o menos idealizado en forma religiosa o de mitos de una "edad de oro" y de un "paraíso de la abundancia y del descanso", o en las palabras de Negri, de "bienes comunes"; mitos todos ellos que como hemos visto antes y veremos después, están presentes en todas las religiones sean sapienciales o reveladas y en todas las tradiciones y culturas agrarias. Bajo la feroz agresión privatizadora del colonialismo y sobre todo del imperialismo, las masas campesinas encontraban en sus tradiciones culturales, mitos y códigos religiosos autóctonos razones suficientes para autoorganizarse y luchar en defensa de lo suyo, o para la recuperación de lo que había sido suyo. En esta situación, los Soviets de campesinos y del pueblo trabajador aparecían como la fórmula organizativa que enlazaba el presente con el pasado y el futuro.

      Ahora bien, Lenin y los marxistas que debatieron esta crucial problemática no se limitaron a hacer un llamamiento táctico e inmediatista, cargado de optimismo revolucionario y carente de realismo histórico. Al contrario, el debate volvió al punto en el que lo habían dejado Marx y Engels sobre la posibilidad de que las naciones atrasadas pudieran "dar el salto" al socialismo sin tener que sufrir el largo y cruel tormento capitalista. En realidad, estos marxistas tenían la ventaja sobre los propios Marx y Engels de que ya para entonces estaba asentándose teóricamente la ley del desarrollo desigual y combinado, ley que si bien estaba embrionariamente desarrollada por Marx y Engels, precisamente estaba tomando cuerpo definitivo en esta década de 1921-1930, más concretamente en los años que van de los Cuatro Primeros Congresos de la Internacional Comunista a la redacción por Trotsky de "Historia de la revolución rusa". Quiere esto decir que si bien Trotsky dio la forma definitica a dicha ley, el mérito fue colectivo, de la práctica de masas y de la capacidad intelectual de organizaciones marxistas que elevaron esa práctica al rango de teoría. Y el texto de Lenin que ahora analizamos tiene una gran importancia en ese proceso porque, como había hecho en su texto sobre el imperialismo pocos años antes, también ahora supo sintetizar las aportaciones colectivas gracias, básicamente, a su exquisito dominio de la dialéctica marxista. Veámoslo:

      "La cuestión ha sido planteada en los siguientes términos: ¿podemos considerar justa la afirmación de que la fase capitalista de desarrollo de la economía nacional es inevitable para los pueblos atrasados que se encuentran en proceso e liberación y entre los cuales ahora, después de la guerra, se observa un movimiento en dirección al progreso? Nuestra respuesta ha sido negativa. Si el proletariado revolucionario victorioso realiza entre estos pueblos una propaganda sistemática y los gobiernos soviéticos les ayudan con todos los medios a su alcance, es erróneo suponer que la fase capitalista de desarrollo sea inevitable para los pueblos atrasados. En todas las colonias y en todos los países atrasados no debemos limitarnos a formar cuadros propios de luchadores y organizaciones propias de partido, no debemos limitarnos a realizar una propaganda inmediata en pro de la creación de Soviets campesinos, tratando de adaptarlos a las condiciones precapitalistas. Además de eso, la Internacional Comunista habrá de formular, dándole una base teórica, la tesis de que los países atrasados, con la ayuda el proletariado de las naciones adelantadas, pueden pasar al régimen al régimen soviético --y, a través de determinadas etapas de desarrollo, al comunismo-- soslayando en su desenvolvimiento la fase capitalista".

      Habían transcurrido casi cinco décadas desde que Marx y Engels iniciasen esta reflexión al estudiar el potenciar emancipador de la comuna campesina rusa, y el capitalismo se había desarrollado exponencialmente hasta inundar al planeta entero con las fuerzas desatadas por su fase imperialista. Lo que en su época aparecía como un problema incipiente se había convertido en una cuestión vital para alrededor del 70% de la humanidad en algo menos de medio siglo. El reto que esta aceleración del tiempo histórico suponía para el movimiento revolucionario mundial era tremendo e inquietante porque no era una simple cuestión intelectual y académica, tan al gusto de los demagogos burgueses, sino esencialmente práctica y, sobre todo, con directas e inmediatas consecuencias para cientos de millones de seres humanos, y para sus descendientes. La solución de Lenin a este reto dice así:

      "Es imposible señalar de antemano los medios que serán necesarios para que esto ocurra. La experiencia práctica nos lo irá sugiriendo. Pero es un hecho firmemente establecido que la idea de los Soviets es entrañable a todas las masas trabajadoras de los pueblos más lejanos; que estas organizaciones, los Soviets, deben ser adaptadas a las condiciones de un régimen social precapitalista y que los partidos comunistas deben comenzar inmediatamente a trabajar en este sentido en el mundo entero. Quisiera señalar, además, la importancia de que los partidos comunistas realicen su labor revolucionaria no sólo en supropio país, sino también en las colonias, y sobre todo entre las tropas que utilizan las naciones explotadoras para mantener sometidos a los pueblos de sus colonias".

      A continuación, Lenin critica muy duramente el comportamiento de los partidos socialdemócratas, especialmente a los británicos, y explica cómo la aristocracia obrera de Inglaterra y Norteamérica que está "imbuída" de chovinismo "supone un peligro inmenso para el socialismo" porque apoyan decididamente la opresión de los puenlos por el imperialismo de sus burguesías. Vemos así que Lenin considera que existen, como mínimo, tres condiciones exteriores para que se materialice la posibilidad de que los pueblos atrasados avancen al socialismo y después al comunismo sin tener que pasar por el capitalismo, tomanmdo impulso interno en las potencialidades democráticas subsistente aún en las formas sociales precapitalistas. Las condiciones son, una, que los gobiernos soviétivos apoyen totalmente a esos pueblos; dos, que los partidos comunistas de las naciones opresoras militen activamente por la independencia de esos pueblos y, sobre todo, pudran desde dentro sus propios ejércitos imperialistas y, tres, que la socialdemocracia de los países imperialistas luche contra el chauvinismo de su aristocracia obrera.

      A este respecto hay que decir tres cosas. La primera, que la evolución tanto de la URSS como de la lucha de clases en el capitalismo, desde la burocratización stalinista hasta el fascismo y la "guerra fría", han frenado en extremo el desarrollo de las tres condiciones externas teorizadas por el movimiento comunista internacional y sintetizadas por Lenin en agosto de 1920. La segunda, que pese a esos frenos externos que han impedido el desarrollo de bastantes luchas de liberación nacional, pese a ello, también ha habido victorias que demuestran lo correcto de la teoría marxista de aquella época, capaz de integrar en la lucha socialista prácticas de lucha provinientes de modos de producción precapitalistas. Y tres, que incluso en lo referente a la lucha de clases dentro del imperialismo, incluso en este campo, aquella teoría marxista demostró su acierto histórico al adelantar los problemas decisivos que iban a marcar la suerte posterior del socialismo en occidente. Hay que decir, para concluir, que de todos los revolucionarios bolcheviques que entonces intervinieron en la elaboración de aquél marxismo, sólo uno de ellos murió en la cama por enfermendad natural, Lenin, mientras que todos los demás fueron asesinados por el stalinismo, y que Stalin, que entonces era "de segunda fila" e intelectualmente sin ninguna relevancia, terminó acaparando el poder absoluto de una forma que repugnaba a todos los "viejos bolcheviques". Y hay que decir que cientos de los marxistas no rusos cuya intervención fue decisiva para elaborar esa teoría, fueron igualmente exterminados o, en el mejor de los casos, expulsados y marginados sin contemplaciones.

      Lleganos así al problema de la evolución en el mundo de las lecciones teóricas desarrolladas por aquél marxismo entonces tan prometedor. Fuera de Europa destacan varios marxistas en el mérito no sólo de anunciar la extensión del proceso revolucionario a otras partes del planeta, precapitalistas, campesinas e indígenas, sino también por haber entendido el papel vital que en esas luchas jugaban los sistemas de solidaridad grupal, ayuda mutua, propiedad comunal e identidad colectiva con su lengua y cultura propia.

      5.1. IDENTIDAD ARABO-MUSULMANA Y LUCHA SOCIAL

      Y de entre ellos destaca el peruano José Carlos Mariategi (1895-1930), quien a pesar de su muerte prematura demostró un dominio exquisito del materialismo histórico, lo que le permitió realizar aportaciones teóricas que hubieran sido decisivas de no haber chocado frontalmente con la dogmática eurocéntrica impuesta al proceso revolucionario mundial por la URSS desde comienzos de la década de 1930. El autor que tratamos, ya en una época tan temprana como el 1 de noviembre de 1924 afirmaba en "La libertad y el Egipto" que:

      "Despedida de algunos pueblos de Europa, la Libertad parece haber emigrado a los pueblos de Asia y de Africa. Renegada por una parte de los hombres blancos, parece haber encontrado nuevos discípulos en los hombres de color (...) Pero la Libertad había huido ya a Egipto. Viajaba por el África, el Asia y parte de América. Agitaba a los hindúes, a los persas, a los turcos, a los árabes. Desterrada del mundo capitalista, se alojaba en el mundo colonial. Su hermana menor, la igualdad, victoriosa en Rusia, la auxiliaba en esta campaña. Los hombres de color la aguardaban desde hace mucho tiempo".

      Pocos meses después, en agosto de 1925, Mariategi analiza la guerra de resistencia nacional de los rifeños ante la invasión franco-española en "El imperialismo y Marruecos": "El Rif libra en estos días una batalla decisiva. España y Francia, rivales durante mucho tiempo en Marruecos, combinan presentemente sus fuerzas para sofocar la revolución de la independencia rifeña. La civilización occidental se siente amenazada por Abd-el-Krim, es por lo menos, lo que afirma en sus nerviosos artículos uno de los más conspicuos abogados y conductores de la reacción en Europa, Mr. Raimond Poincaré. Y en este lenguaje coinciden casi los hombres de la reacción y los hombres de la democracia. Painlevé, honesto demócrata, piensa que Francia tiene la misión histórica de civilizar Marruecos".

      Retomando las viejas críticas a la "civilización" del joven Marx, Mariategi nos descubre cómo la Europa capitalista y civilizada se niega a reconocer los mismos derechos a los pueblos no europeos. Y cómo la resistencia de éstos es sentida como una "amenaza para la civilización" por los burgueses y demócratas europeos. Pero Mariategi va más al fondo en sus investigaciones y descubre cómo la entrada de España en la invasión es muy diferente a la francesa, menos brutal y sanguinaria que la española, generando una resistencia tenaz por parte del pueblo rifeño:

      "España había intentado ensayar análogo sistema. Pero en sus colonizadores persistía el instinto de a inquisición. Los soldados y los funcionarios españoles representaban en Marruecos un capitalismo. Pero preferían comportarse como si representasen exclusivamente a los Reyes de España. Por esto, España no pudo instalarse tranquilamente en Marruecos a la manera de Francia. Abd-el-Krim, en un reciente reportaje de un periodista italiano, cuenta cómo los rifeños fueron empujados, poco a poco, a la insurreción, por la propia política española. Su padre, Caid de Tafwersit --recuerda Abd-el-Krim-- comprendió desde que Francia tomó posesión de Marruecos, que el Rif no podía dejar de entrar en la órbita de la civilización europea. Los cambios comerciales --agrega el jefe rifeño-- fueron intensificados, las manifestaciones de simpatía no escasearon, y todo hizo suponer la pacífica venida de los españoles en tierra hospitalaria. Pero los herederos de los "conquistadores" proclamaron de improviso aquél programa de "desmusulmanización" que fue el capítulo principal del programa de Isabel la Católica. Esta política engendró la rebelión".

      La "desmusulmanización" significaba lisa y llanamente el exterminio de la identidad colectiva del pueblo rifeño, de sus formas societarias de producción y distribución precapitalista. De esta forma, las masas campesinas rifeñas que se regulaban mediante los códigos musulmanes de solidaridad, bastante más progresistas e igualitarios que los cristianos, se iban a ver sumergidas en un infierno de explotación y destrucción implacables, sufriendo un retroceso de varios siglos en su calidad de vida para mayor gloria y enriquecimiento de la civilización burguesa, cristiana y blanca. Por eso y contra eso se sublevaron, y sus azañas fueron sentidas como propias por muchos pueblos no europeos. Los Estados español y francés, Europa entera, comprendieron que debían acabar cuanto antes y sin detenerse en crímenes con una guerra de resistencia nacional que cuestionaba la raíz misma de la civilización capitalista.

      5.2. COMUNIDADES CAMPESINAS Y CONSEJOS OBREROS

      Mariategi continuó sus estudios sobre la dialéctica entre la identidad de los pueblos precapitalistas y las luchas de las clases oprimidas, siguiendo la senda abierta por el último Marx, pero centrándose con más detenimiento en las relaciones entre las comunidades incaicas y el socialismo latinoamericano. Mariategi, al igual que todos los lectores de Marx y Engels de su época, no tuvo acceso a la entera obra etnográfica de estos revolucionarios, publicada muy tardíamente, sino sólo a una parte muy reducida, aunque posiblemente sí pudo leer su correspondencia con Vera Zasulich pero, de cualquier modo, desarrolló y enriqueció magistralmente a Marx y al materialismo histórico en este problema decisivo. Sin embargo, precisamente, fue esta recuperación de Marx, la que le originó una continuada crítica de los dogmáticos. Tiene toda la razón Löwy en "El marxismo romántico de Mariátegui", cuando afirma que:

      "Esta posición calificada de "socialismo pequeño burgués" por sus críticos, no era otra que aquélla adelantada por Marx en su carta a Vera Zasulich de 1881. En los dos casos se encuentra la profunda intuición --de inspiración romántica-- de que el socialismo moderno del futuro debe enraizarse en las tradiciones vernaculares, en la memoria colectiva campesina y popular, en las supervivencias sociales y culturales de la vida comunitaria precapitalista, en la práctica de ayuda mutua, solidaridad y propiedad colectiva de la Gemeinschaft rural".

      De hecho, incluso ahora mismo, nada de lo que está sucediendo en Latinoamérica y más concretamente con el papel del llamado "problema indígena" se comprende sin tener en cuenta aquellas aportaciones. Como tampoco se puede comprender del todo un fenómeno tan significativo y tergiversado como es la larga lucha del pueblo peruano sin estudiar los análisis sobre Mariategi realizados por el Partido Comunsita del Perú, que ya en octubre de 1975 --"Guerra popular en el Perú"-- procedió a rescatar a Mariategi del pozo de olvido y falsificación en el que le habían echado los reformistas. Sin entrar ahora en un análisis de los años posteriroes de la guerra revolucionaria en Perú, hay que decir que el esfuerzo por recuperar el mensaje del revolucionario peruano es meritorio en sí mismo.

      Aunque fue en su Prólogo al texto de Luis E. Valcárcel "Tempestad en los Andes" donde Mariategi presentó algunas de sus tesis básicas, fue realmente en "El Problema indígena en América Latina", de verano de 1929, donde expuso que: "Del ayllu antiguo no queda sino uno que otro rasgo fisonómico, étnico, costumbres, prácticas religiosas y sociales, que con algunas pequeñas variaciones, se les encuentra en un sinnúmero de comunidades que anteriormente constituyeron el pequeño reino o "curacazgo" (...) el ayllu o comunidad, en cambio, en algunas zonas poco desarrolladas, ha conservado su natural idiosincrasia".

      "Las comunidades reposan sobre la base de la propiedad en común de las tierras en que viven y cultivan y conservan, por pactos y por rasgos de consanguinidad que unen entre sí a las diversas familias que forman el ayllu. Las tierras de cultivos y pastos pertenecientes a la comunidad, forman el patrimonio de dicha colectividad. En ella viven, de su cultivo se mantienen, y los continuos cuidados que sus miembros ponen a fin de que no les sean arrebatados por los poderosos vecinos u otras comunidades, les sirven de suficiente incentivo para estar siempre organizados, constituyendo un solo cuerpo. Por hoy, las tierras comunales pertenecen a todo el ayllu o sea al conjunto de familias que forman la comunidad. Unas están repartidas y otras continúan en calidad de bien raíz común, cuya administración se efectúa por los agentes de la comunidad. Cada familia posee un trozo de tierra cultivada, pero que no puede enajenar porque no le pertenece: es de la comunidad".

      "Pero no sólo en la existencia de las comunidades se revela el espíritu colectivista del indígena. La costumbre secular "Minka" subsiste en los territorios de Perú, de Bolivia, del Ecuador, y Chile; el trabajo que un parcelero, aunque no sea comunero, no puede realizar por falta de ayudantes, por enfermedad u otro motivo análogo, es realizado merced a la cooperación y auxilio de los parceleros confinantes, quienes a su vez reciben parte del producto de la cosecha, cuando su cantidad lo consiente, u otro auxilio manual en una próxima época". Tras afirmar que el "espíritu de cooperación que existe fuera de las comunidades, se manifiesta en formas especiales en Bolivia", y tras realizar una rápida cuantificación de "estas y otras formas de cooperación extracomunitaria" más las propias comunidades en Perú, Bolivia, etc., concluye que: "atestiguan la vitalidad del colectivismo incaico primitivo, capaz mañana de multiplicar sus fuerzas, aplicadas a latifundios industrializados y con los medios de cultivo necesarios". Y añade luego:

      "El VI Congreso de la IC --1928-- ha señalado una vez más la posibilidad, para pueblos de economía rudimentaria, de iniciar directamente una organización económica colectiva, sin sufrir la larga evolución por la que han pasado otros pueblos. Nosotros creemos que entre las poblaciones "atrasadas", ninguna como la población indígena incásica, reúne las condiciones tan favorables para que el comunismo agrario primitivo, subsistente en estructuras concretas y en un hondo espíritu colectivista, se transforme bajo la hegemonía de la clase proletaria, en una de las bases más sólidas de la sociedad colectivista preconizada por el comunismo marxista".

      Para concluir: "Las "comunidades", que han demostrado bajo la opresión más dura condiciones de resistencia y persistencia realmente asombrosa, representan un factor natural de socialización de la tierra. El indio tiene arraigados hábitos de cooperación. Aun cuando de la propiedad comunitaria se pasa ala propiedad individual, y no sólo en la sierra sino también la costa, donde un mayor mestizaje actúa contra las costumbres indígenas, la cooperación se mantiene, las labores pesadas se hacen en común. La "comunidad" puede transformarse en cooperativa, con mínimo esfuerzo".

      Y muy especialmente:

      "Para la progresiva educación ideológica de las masas indígenas, la vanguardia obrera dispone de aquellos elementos militantes de raza india que en las minas o en los centros urbanos, particularmente en estos últimos, entran en contacto con el movimiento sindical, se asimilan a sus principios y se capacitan para jugar un rol en la emancipación de su raza. Es frecuente que obreros procedentes del medio indígena, regresen temporal o definitivamente a éste. El idioma les permite cumplir eficazmente una misión de instructores de sus hermanos de raza y de clase. Los indios campesinos no entenderán de veras sino a individuos de su seno, que les hablen en su propio idioma. Del blanco, del mestizo, desconfiarán siempre; y el blanco y el mestizo, a su vez, muy difícilmente se impondrán el difícil trabajo de llegar al medio indígena y de llevar a él la propaganda clasista".

      Gabriel Lanese ha sintetizado así en "La Odisea de Mariategui", sus dos principales aportaciones:

      "El carácter subversivo del planteo de Mariátegui se halla contenido en estos dos puntos

      a)El carácter socialista de la revolución, ya que la burguesía es incapaz de asumir la realización de las tareas democrático-burguesas, quedando éstas en manos del proletariado, aliado a las masas campesinas e indígenas, transformándose la revolución burguesa en socialista. Este análisis no surge de ningún esquema de aplicación universal, sino del propio análisis que hace Mariátegui de la realidad histórica del Perú, basándose en la teoría del imperialismo de Lenin. Es de destacar que Mariátegui murió en 1930 y es poco probable quehaya llegado a conocer la teoría de la revolución permanente en su formulación de 1929.

      b)La relación de la revolución latinoamericana con la revolución mundial. Al revés del planteo de la IC,

      Mariátegui no propone esperar a la revolución en los países avanzados, sino luchar por la revolución proletaria, uniendo al proletariado de los países centrales y a la clase obrera y los pueblos latinoamericanos, las dos corrientes principales de lucha contra el imperialismo".

      Por esto, porque rompe con el esquematismo oficial dominante y replantea la importancia de la unión entre el proletariado y el campesinado y las naciones indígenas, es importante aclarar que es la comunidad campesina, el ayllu. Esta es la respuesta que ofrece Prada Alcoreza a la pregunta "¿Qué es el ayllu?": "Una forma de organización social territorial, una forma de sociedad que maneja los territorios de manera circular y de modo rotativo, dando lugar al gran archipiélago territorial andino. El ayllu se conforma a través de dos ejes estratificantes primordiales: 1) Por medio de la generación de filiaciones, usando una codificación simbólica para efectos del control de la descendencia, escribiendo sobre la tierra con las huellas de su propia sangre; 2) por medio de la acumulación de alianzas, desencadenando estrategias políticas que unen a familias y además amarran territorios. Filiaciones y alianzas, red de parentesco y malla política, código familiar y estrategia de amarres". El autor hace especial hincapié en el papel del 'tinku', asamblea en la que se debaten y resuelven colectivamente los problemas comunes.


      5.3. INDIGENISMO Y REVOLUCION EN BOLIVIA, NUCARAGUA Y MÉXICO

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